La Sexualidad y las Personas con demencia

junio 5th, 2017

El imaginario social tiene una gran influencia sobre lo que conocemos, vemos y cómo nos comportamos en el mundo. La vejez, se fue tiñendo de diferentes representaciones a lo largo de los siglos. Cada sociedad ha construido su propio concepto de envejecimiento y ha pautado cómo debe envejecer cada individuo.

Butler en el año 1969, define el ageism (viejismo, traducido por Leopoldo Salvarezza en 1993) como un conjunto de actitudes negativas, socialmente estereotipadas y prejuiciosas hacia los ancianos. Considera que esto subyace al miedo y rechazo que poseen las personas a envejecer. A partir de sus creencias y disciplinas del conocimiento humano, la sociedad tiene como expectativa que el envejecer devenga en incompetencia, lentitud intelectual donde se pierden habilidades, roles, vínculos, aparece la pobreza, el malhumor, el dolor físico y el psíquico.

Como se expone previamente, los prejuicios en la vejez atraviesan diferentes dimensiones, y una de las afectadas es la de la sexualidad.

La sexualidad desde su sentido más amplio, es considerada como el conjunto de condiciones y estructuras (anatómicas) fisiológicas, conductuales y socioculturales que permiten el ejercicio de la función sexual. Abarcando los sentimientos, la conducta, la manera de expresarse y de relacionarse con los demás” (Gonzalez de Miyar, 2001 en Bugatto, 2009, p. 6)

El ser humano disfruta de su sexualidad desde que nace hasta que muere. Se la considera uno de los principales parámetros de calidad de vida y luego de la alimentación y la seguridad, la tercera necesidad que posee cada sujeto.

Nos encontramos frente a pocos estudios (Rozitchner, 2012; Llanes, 2013; De Los Santos y Carmona, 2015; Iacub y Rodriguez, 2015)  dedicados a esta materia.  Los profesionales de la salud han investigado escasamente la sexualidad y se cree que esto tiene que ver con un contexto cultural que desexualiza a los adultos mayores. La mayoría de las personas no concibe pensar en un viejo que posee necesidad de mantener contacto con otro, de expresar sus fantasías o de poseer intimidad. Consideran incluso que cualquier acto de índole sexual en un viejo es perverso[1].

Sin embargo, la función erótica (Zwang G., 1997 en Colombino 1999) que abarca el placer sexual, el lenguaje sexual de la comunicación y el vínculo afectivo, es la que aún está conservada en los adultos mayores. Lo orgánico, pasa a ser solo una pequeña parte de la sexualidad/erótica del sujeto, y se abre un abanico de posibilidades para que la persona goce de esta dimensión.

 

¿Qué sucede con una persona que padece una demencia?

El sujeto con demencia puede presentar cambios en la vida sexual debido a su patología, que comprenden un aumento del interés en lo sexual o ninguno, como también dificultades en el desempeño del mismo o llegar a expresar sus deseos de forma socialmente inadecuada. Sin embargo, Colombino (1999) continuando en la línea de pensamiento del Dr. Zwang, menciona que incluso aquellas personas que transitan una demencia conservan la esfera del sentir placer y de lo más primitivo del lenguaje sexual.  Aunque en algunos casos la enfermedad no le permita a la persona concretar el coito, aún puede explorar otras formas en su erótica, como por ejemplo, caricias, besos, abrazos, manifestación de sentimientos, actividades nuevas para relacionarse con el otro, etc.

Sin embargo, la sociedad continúa reconociendo un modelo único de erotismo en la vejez, el cual se encuentra colmado de estereotipos negativos, que impresionan por su rechazo a esta temática, limitando su expresión a la mera genitalidad y reproducción. El erotismo en estos tiempos se define entonces a partir de ciertos parámetros como la fertilidad, genitalidad, juventud e imagen corporal.

Es por esto que  la respuesta del entorno del anciano, a este tipo de cuestiones, es negligir la situación, y no evaluar las necesidades concretas del sujeto. Logrando reprimir e invisibilizar esta función tan esencial, e impactando negativamente en la calidad de vida de estas personas.

 

 

Lic. Perez Ruffa, Ma. Cecilia Perez Ruffa

Terapista Ocupacional – Especialidad en Gerontología

 REFERENCIAS

  • Bugatto, J. (2009). Sexualidad y Tercera Edad. Creencias de estudiantes universitarios. Licenciatura en Psicología. Universidad de Palermo.
  • Colombino, A. (1999) Conducta sexual en la patología demencial. En L. Salvarezza, (Ed) La Vejez una mirada gerontológica actual. Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.
  • De Los Santos, P. V., y Carmona, S. E. (2015). Genealogía socio-histórica del erotismo en adultos mayores. Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad, 7(19), 8-19.
  • Iacub R. (2011) Erótica y vejez: perspectivas de occidente. 1°ed. Buenos Aires. Editorial Paidós.
  • Iacub, R.  y Rodriguez R. (2015) El erotismo de las personas con demencias en las residencias para adultos mayores. VERTEX Revista Argentina de Psiquiatría, 26, 120-124.



[1] Las sociedades crean parámetros de inclusión y exclusión dentro del erotismo en un tiempo particular, una de las posturas que ha aparecido se ha denominado erotofóbia. (De los Santos et al,  2015)